domingo, 13 de septiembre de 2020

Empieza el curso y lo hace con esos sueños que llegan a pantallas para #emociones compartidas #cineyeducación

 En cartelera durante tres semanas  y hasta el 10 de septiembre en top 10

Una reseña Las emociones en la tribu que educa , un hilo interesante, una tertulia imprescindible Primeros días en aulas y cuatro semanas en salas...ahí seguimos con #cineyeducación

viernes, 4 de septiembre de 2020

VENTE A MI BODA


 

<< Hermanita esta noche te quedas con los enanos... por cierto  los análisis de tu padre son la semana que viene, y ya si eso, te pasas por mi casa y me cuidas las plantas...oye dónde te has metido que esto está hecho un desastre...>>.

Palabras, frases y mensajes que oyen muchísimas mujeres en este mundo; yo les llamo “mujeres bastones”. Mujeres que cuidan de todos y casi siempre ellas son las últimas de la fila. “Mujeres invisibles”.

 Además, es el hilo rojo que utiliza la directora de la película “La Boda de Rosa”; aunque la protagonista de esta historia decide ser valiente y salir de ese personaje para comprometerse con ella misma y darle un giro a su vida gris y romper con lo que no le gusta.

 Casarse”, ¿Con quién?, se preguntan sus familiares, con ELLA, esta es la metáfora que elije para contarle a su familia, el cambio de vida y nada mejor que comprometerse con una misma, tejer sus sueños y decir “Sí quiero quererme.

Empieza por sus raíces, honrando a su madre y a sus sueños rotos, olvidados entre dedales, revistas antiguas de patrones, muchos hilos y botones de colores; al fin decide “tejer su vida de color rojo”.

Es una historia sencilla, común, dulce, sutil, divertida, pero lanza un mensaje de calado más profundo. Es la vida de Marta, de Remedios, de Dolores...Ana, María, Carmen, Esperanza y tal vez de alguna Violeta, mujeres que son el corazón de las familias y del grupo de amigos. A ellas casi nunca se les preguntan si están bien.

¿Casarse con una misma? Es una locura, de hecho, eso lo puedes pensar, pero si lo reflexionas es un compromiso, es ser leal a tu verdadero yo. Es volver al inicio de todo y decidir que te hace feliz y estar en paz contigo misma.

En una hora y media aproximadamente la cinta nos ofrece la oportunidad para reflexionar y ver donde están nuestros sueños de infancia, arrugados, rotos; y si están guardados en un cajón o el costurero de la abuela o tal vez en el contenedor azul.

Maravilloso oficio el de “costurera”, coser, tejer, vestir, diseñar, soñar con colores, formas, texturas, telas, hilos de sedas y hacer el mejor vestido de novia.

“A veces las maestras nos parecemos a las modistas, tejemos sueños y ayudamos a otros a tejer los suyos”.

Vayan al cine, cambien de energía al ver películas y escenarios que nos invitan a sacar lo mejor de nosotros mismos. En estos tiempos es imprescindible soñar.

 Para terminar esta reflexión, te invito a mi boda, estos serán algunos de mis votos:

 ¡Me comprometo a respetarme a mí misma, me comprometo a no abandonarme y renuncio a cubrir las expectativas de los demás!

                                      

                 ¿Y tú te atreves a ser feliz?

 

domingo, 30 de agosto de 2020

Di primero "Si, me quiero"


Ponerse el anillo, escribir los votos, creerte, quererte...eso que deberíamos hacer antes de nada. Nos casamos con los demás antes que con nosotras mismas, nos casamos con nuestros padres, con nuestras parejas, con los hermanos, con los hijos y amigos,y hasta con el trabajo nos casamos, creamos compromisos que van llenando nuestra vida hasta que... sea por la razón que sea, haces boom. Entonces comienzas a escuchar dentro de ti una especie de silbido, como una olla a presión, y comienza a salir el primer vapor, es el momento de des-casarse de los demás para contraer contigo misma esos compromisos. La boda de Rosa nos lo recuerda, en ese repaso visual por tantos momentos en los que nos reconocemos, escenas-espejo en las que vemos una imagen conocida, una frase escuchada, un gesto propio. Es una película como decía mi querida Adela, que gira 360º, y que tb te hace girar a ti, una genial interpretación de los estereotipos, personajes creados y recreados con gran acierto. Una película visualmente muy atractiva,los colores: rojo de la emergencia en la reafirmación, verdes azulados del taller y el mar en la liberación, la luz... todo ello alegra la mirada reposando en los detalles, en la costura lenta, en las telas, impecable en los detalles del costurero, del anillo rehecho de un dedal..emociona, alegra, reconforta,y devuelve la serenidad y la reafirmación. 100 minutos de metraje llenos de dominio del oficio tanto de la directora como de las protagonistas Candela y Nathalie para mi, las mejores del reparto.

Palmarés en festival de Málaga , entrevista de Carlos Gurpegui...razones para ir al cine a La Boda de Rosa

 Finaliza Festival de Málaga y empieza la #VueltaAlcoleSegura y con esa vuelta volvemos con #cineyeducación.

Rosa eres tú y son muchas docentes, madres, abuelas, tías. amigas... Rosa es la que se te tiene que cuidar para poder cuidar a otros pero primero ...hay que darle visibilidad y la sociedad sabe que o todos nos cuidamos para cuidar o la pandemia hará estragos.

Sin el nosotros ...las vueltas a ...estarán ¿pasadas de cifras y vueltas?


Contamos con la enorme suerte de que Carlos Gurpegui@carlosgurpegui, con el estupendo programa de Cine y Salud del Gobierno de Aragón, nos pase esta entrevista publicada en Diario del Alto Aragón 30/08/2020

Entrevista al hilo del pase celebrado en Cines Palafox el jueves 27 en Zaragoza con encuentro con Iciar Bollaín y público

"A Candela no la podían dejar hablar, porque hubiera dicho lo que pasaba"


 
Carlos Gurpegui

Zaragoza

 La boda de Rosa es la nueva película de Icíar Bollaín que acaba de ser presentada por su autora en los Cines Palafox de Zaragoza. “Hay muchísimas Rosas. Generalmente más mujeres, desde luego. También hay algún Roso, algún hombre al que le caen mil tareas. Muchas veces son indispensables, con un trabajo demasiado invisible y poco reconocido”, se lamenta la directora de una bella y estimulante película que ha sido una de las grandes protagonistas del Festival de Cine de Málaga.

 Rosa, Violeta, Amapola, Marga… Sin duda, sus personajes son ‘flores de este mundo’.

—Nos gustaba la idea de usar flores, además con esa madre que ha sido tan florinda (risas).

Por fin es ‘el momento’ de Rosa.

—Sí, y yo creo también que hay algo de la edad, porque tiene 45 años, y sobre todo hay una gota que colma el vaso: que su padre (que es un amor) de repente decide meterse en su casa. Todo le parece un sinfín, y ve que no va a salir de cuidar a unos y a otros. Es cuando uno dice: a ver, qué me queda por delante, que no tengo tanto tiempo.

 Tras bastantes renuncias tomará una decisión: dejará unas cosas y emprenderá otras.

—Rosa tiene un problema: que no le valoran lo que hace, lo dan por hecho. Renuncia a un sueldo, a una seguridad, a una vida, a un trabajo… y sí, es iniciar una aventura.

 Y un pulso entre hacer cada uno ‘su vida’ frente ataduras y demandas.

—Hay una cosa de la película que me parece tierna y es que todos están fatal, toda la familia está manga por hombro. Se encuentran en crisis personales y, de alguna manera, Rosa se coloca y obliga a todos a colocarse. Y, curiosamente, al final, a mí lo que me comunica esa fiesta final, esa boda en la que están todos bailando, es que todos estarían mejor si se escucharan y se ayudaran más: el padre no estaría tan solo, la niña no tendría esa carga con los dos hijos, Violeta seguro que estaría un poquito más centrada, Armando probablemente también… De repente lo descubrí en montaje: la solución pasa un poco porque se apoyen unos a otros.

 Un mínimo de autoestima, ante tanto contentar a los demás.

—En el fondo hay un déficit de autoestima que es femenino, porque culturalmente nos toca: estamos predestinadas a cuidar. Y hay una cosa en el cuidado que es muy bonita y generosa, pero al final ‘te descuidas’. Llega un momento en el que los cuidadores están muy desgastados. Hemos hecho la película con amabilidad, porque ese padre está fenomenal porque se vale, pero cuando hay un padre enfermo o un hijo dependiente, eso es otra película, que no tiene tanta gracia. Es muy duro y siempre hay alguien que carga en la familia.

En su película, Rozalén canta ‘Que no, que no’ o cómo poner estos límites a la estima.

—Es la primera vez que tengo una canción original. En el rodaje lo hablamos. Rozalén es un pedazo de artista que tiene una gran sensibilidad que podía conectar con lo que estábamos contando. Y en la fase de montaje hablamos con ella para que viera la película. Y dijo, ‘estoy con un nuevo disco, y hay una canción que tengo en la cabeza, que estoy ahí empezando a desarrollar que es eso: poner límites, decir que no, que es cuidarme’. Y ya las dos seguimos en paralelo. La canción ha sido un regalo para la película. Es como un himno: hasta aquí, y a partir de aquí ya me cuido yo un poquito.

Su film se rodó en catalán.

—Sí, porque es lo que se habla en Valencia, y es todo muy mezclado. Todos los personajes (y la vida en sí) están interactuando. Creo que le da alegría, es una mezcla pim pam pum que es lo que pasa ahí.

 Protagonizado por Candela Peña, Sergi López, Nathalie Poza, Ramón Barea, Paula Usero… un repóker.

—Es un lujazo de actores, un lujazo de trabajo con ellos. Disfrutaron mucho, yo creo, porque era un guion divertido de hacer, le sacaban punta a las cosas, y se compenetraron muy bien, porque además había una dificultad: a Candela no la podían dejar hablar, porque si le hubieran dejado, hubiera dicho lo que pasaba. Así que esta cosa de ‘pisarla para ser creíble’ era un juego que lo hacían todos muy bien.

 Y el taller familiar es otro gran personaje, con su propia biografía.

—Cierto, hubo que hacer una búsqueda seria. En Benicàssim no encontramos ese lugar, pero sí en los pueblos de alrededor de Valencia. Un sitio de recuerdos preciosos para Rosa, de tradición. Su madre no cumplió sus sueños de modista, los consiguió en pequeñito, pero probablemente para Rosa son recuerdos de infancia muy felices. Y además hay más juego, porque en ese taller quiere cumplir el sueño que su madre no pudo realizar, porque probablemente la madre quería hacer más cosas pero estaría criando a sus hijos, como tantas mujeres de esa generación. Laia Colet, la responsable de arte de la película, lo hizo con un gran mimo, eligiendo cada color, cada mueble, imaginando una historia para ese taller, que fue mercería, que después se cerraría con la crisis, con una mezcla de elementos antiguos y no tan antiguos.

 Música de gran narrativa con la firma de Vanessa Garde.

—Sí, ha hecho un trabajo muy bonito. Buscábamos un eco mediterráneo, una tradición, hablábamos de Nino Rota, de encontrar algo que le diera comicidad a veces, emoción también porque no nos podíamos subir muy arriba, y alegría.

 Y un montaje de Nacho Ruiz Capillas, marca de la casa también.

—El humor en las películas (y en las comedias) tiene mucho que ver con el montaje, porque lo puedes estropear. Es un timing, porque si lo alargas o acortas pierdes el compás. No solo hay que tener buenos actores y un guion que funcione, sino además un buen montaje, efectivamente. 

viernes, 28 de agosto de 2020

Las novias



No estaba enamorada de sí misma.
Aun no se conocía lo suficiente.
Se miraba con recelo en el espejo y observaba extrañada
aquellos grandes ojos azules que se miraban.
Sin reconocerse.
Sin comprenderse.
Sin saberse,
todavía.

No estaba enamorada de sí misma.
Pero solo lo confesaba en el taller de costura,
entre las risas juveniles,
en torno a la máquina de coser.
Que sí los hilvanes,
que si los pespuntes,
que un ojal por aquí
y un ribete por allá...
Que si hay que coger el dobladillo,
y también meter la sisa.
Mientras le tomaba la medida a la vida.

No estaba enamorada de sí misma.
Ya tenía edad pero,
aún miraba con tristeza
el reflejo de su imagen en la olla.
Mientras metía los platos en el lavavajillas,
y recogía las servilletas,
guardando las sartenes.
Para barrer aquella cocina en la que
planchaba,
cocinaba,
cosía,
vivía...

No estaba enamorada de sí misma,
pensaba mientras seguía con la mirada
a sus hijas que salían por la puerta.
Caminando hacia el futuro...
Y se despidió con un beso de su compañero que ya no estaba.
Al tiempo que se acercaba a la habitación
donde cuidaba las ausencias
Porque había entendido,
porque lo había sufrido,
sabía que el cuidado
es fiel compañero del adiós.

No estaba enamorada.
Pero decidió prometerse en matrimonio.
Consigo misma.
Para amarse.
Y cuidarse
Hasta que la muerte.
Lo permitiera.

**********


El lunes tuve la inmensa suerte de asistir a la proyección de la película “La boda de Rosa” y posterior conversatorio que se celebró en los Cines Golem de Bilbao. La actividad fue convocada por May Serrano, una de las mujeres que hace ya 9 años se casaron con ellas mismas en Bilbao.
Es curioso, pero la proyección revolvió mi memoria y recordé que cuando aquello sucedió tuve conocimiento de la boda gracias a la madre de un amiguito de mi hija. ¡Y me pareció una idea maravillosa!
En aquellos momentos Naroa tenía 7 años. Y yo ejercía de madre a tiempo completo. Cuando Natalia me hablo de aquella ceremonia en la que unas mujeres se iban a jurar “quererse a sí mismas” lo entendí perfectamente. Lo anhelé. Lo envidié. Pero no era mi momento.
El lunes fui al cine y la película me encantó. Pasé de la risa a las lágrimas y otra vez a la carcajada. Varias veces en un viaje entre el pasado y el presente con la pantalla de frente como un espejo en el que se reflejaban mis dudas, mis alegrías y mis penas, mis preocupaciones... Hoy Naroa tiene 16 años y Mari Tere, mi madre, 73. Todo era tan real. Tan cercano...
Al finalizar la proyección hablaron ellas. Las novias. En la sala había varías. Y nos compartieron su emoción. Algunas lloraron (e hicieron que nuestras lágrimas asomaran). Contaron sus experiencias previas y posteriores a la ceremonia. Nos hablaron de la incomprensión de muchos y muchas. De las acusaciones de egoísmo. De la duda ante la materialización del amor hacia sí mismas. Del temor y las dudas ante un ritual de compromiso que ha marcado sus vidas. Del mantenimiento del compromiso...
Las novias nos mostraron una experiencia en la que mirarnos quienes lo hemos dado todo y quienes no hemos dado todo. Un homenaje para revisar los cuidados. Dedicado a las hijas, a las madres, a las hermanas, a las maestras, a las amigas,... Pero sobre centrado en la reivindicación de una necesidad urgente. La del cuidado de nosotras mismas.
Gracias Iciar. Gracias May por ofrecernos esta oportunidad de Co-ser relatos audio-visuales que nos eduquen en el cuidado, el respeto y el amor propio.

Por Garbiñe Larralde para #LaBodaDeRosa CoserRelatos #CineyEducación #RegresoFeminista

LA NIÑA DEL COJÍN. #laBodadeRosa #CoserRelatos

Cuando pienso en #CoserRelatos me viene toda la experiencia de vida profesional, personal y cultural. Y coso y coso, a veces con puntadas largas. Otras, con punto de zurcido o punto de cruz... si lo quiero hacer bonito.

Casarse, es quererse, tiene que ver con sentirse, con conocerse y reconocerse en la vida, en el sentido de la misma. Quererse es no decaer, no dejar de ser tú, no dejar que nadie lastime tu autoestima, de cuidarte para seguir adelante, para cumplir, si no tus sueños,... tus despertares. Casarse es unirte a tu sistema, en una relación sistémica que une presente, pasado y futuro.

Y así llega a mi costurero, a mi bastidor de bordados, la historia de La Niña del Cojín. Una historia de #laBodaderosa, de #eduaciónycine  , de #EducaciónInclusiva  y de homenaje a las madres #TEA.

@jblasgarcia

La boda de Rosa': Póster, en primicia, de lo nuevo de Iciar Bollaín


En mi infancia en el pueblo, tenía una compañera de la escuela (éramos de una edad) , a la que todo el pueblo llamaba "La Niña del Cojín". 
Y es que Rosita, que así se llamaba en realidad, iba a todos lados con un cojín lleno de alfileres y agujas. Un cojín ennegrecido de tanto uso. No se despegaba de él e incluso si le hablabas seguía clavando y desclavando alfileres, como en una rutina que parecía que le provocaba calma mientras que a las demás personas le estresaba.

Doña Evangelina, la maestra que teníamos en los primeros cursos de la extinta EGB, había llamado a su madre en infinidad de veces. 
- Así no puede venir a clase. Traer agujas y unas tijeras, un montón de retales y madejas de hilos en su cartera, ...en vez de la cartilla Palau para aprender a leer ...no lo puedo consentir. Aquí se viene a aprender. Así no va a aprender ni las cuatro reglas. Es mejor  que se quede en casa y enséñale a limpiar, que se gane la vida alguna vez, aunque sea fregando casas- le repetía una y otra vez.

Y la señora Emília, la madre de Rosita, la niña del cojín, siempre le respondía lo mismo. 
- No se haga usted mala sangre. Si ella no hace daño a nadie. Es así porque es ...mi ñiña chica! 

 

Festival de Málaga

Y Doña Evangelina seguía con su retahíla de la peligrosidad de llevar objetos punzantes, de la capacidad de Rosita, mientras se señalaba la sien girando su dedo índice con las unas perfectas de rojo....
Y la señora Emília, aguantaba el sermón con resignación. Unos días más que otros. A veces, se plantaba en la escuela y se colocaba en jarras delante de todos los demás niños, como buena madre coraje y le respondía. 

- A mi Rosi le va muy bien venir a clase. Aprende cosas, aunque usted no lo vea. Viene con nuestras vecinas y se comporta como otras nenas. Mi Rosita no es un bicho raro, es una persona!!!....ademas, tiene todo el derecho a aprender!!! 

Cuando pronunciaba la palabra derecho, con su tono hacía retemblar los cimientos de la escuela, en un tiempo en la que los derechos estaban todavía muy mermados y la escuela se consideraba un privilegio. En sus argumentos, otras veces insistía.

- Mi hija no es deficiente, es diferente. Le interesan algunas cosas, otras no! Como a todo el mundo... y mire usted, casualmente, pocas cosas de las que le interesan se hacen en la escuela, un lugar que supuestamente es para todos y donde se viene a crecer con ayuda de ...la maestra!! 

Una vez que pasamos a cuarto de EGB, cambiamos de maestra. Llegó al pueblo Doña Mari Carmen, una maestra con una actitud que a todos nos embaucaba, era como si estuviésemos en una "nueva escuela". Era joven y llena de energía. En el pueblo la llamaron “la maestra hippie”, porque llevaba trenzado su pelo pelirrojo y pintaba las mesas de colores y  ponía a los alumnos y alumnas en grupo y enseñaba y aprendíamos más cosas que las cuatro reglas de doña Evangelina.
En los primeros días del curso, Doña Mari Carmen llamó a Doña Emilia y estuvo hablando mucho con ella un buen reato. Después acabaron dándose un abrazo entre lágrimas de la señora Emilia. 
Así, en sus clases, mientras el grueso de alumnos y alumnas hacíamos las tareas que se suponían las propias del curso, Doña Mari Carmen se ponía a coser con Rosita. Le traía revistas de costura y se las mostraba a Rosita: Costura para la mujer de hoy. Corte y confección fácil.... Cada lunes aparecía con una nueva revista. La primera vez que escuché la voz de La niña del cojín fue ese año, después de un par de meses de clase, cuando le dijo a la maestra: 

- Doña Mari Carmen, quiero leer -señalando con sus delgado dedo índice, coronado por un dedal,  a una hoja de la revista "Patrones"

Doña Mari Carmen sonrió en silencio como nunca la  había visto hacer  y nos dijo a todos los demás alumnos y alumnas:

- Mañana vamos a comenzar un proyecto por grupos. Vamos a estudiar las áreas a partir de estas revistas y patrones de vestidos y chaquetas. 

Todos exclamamos un viva! que resonó hasta la plaza del pueblo, porque en el fondo estábamos envidiosos de las “revistas de la Rosi”. 

Años más tarde me marché a estudiar a Hellín, a un Colegio mejor (eso le habían dicho a mi padre). 
- “Blas, que el chiquillo vale para estudiar! Llévalo a un colegio de verdad, -le insistían el cura y el alcalde .

Y mi padre, carpintero y humilde , hizo el esfuerzo económico y emocional de separarse de su hijo con 12 años y llevarlo a un colegio “de los de verdad”, cuyo resultado fue estar solo en un internado y semanas sin volver a casa. En realidad, muchos años sin volver a casa, pues fui encadenando estudios, residencias, pisos ... hasta acabar magisterio. 

Me desconecté del pueblo y perdí el seguimiento de Rosita. Años más tarde, un rótulo de un bajo en la calle Eras del pueblo, ponía Confecciones Rosi. Pregunté a Juanma, otro compañero de la escuela con el que tenía contacto y me dijo que era la tienda de la Rosa.

- La niña del cojín, - apostilló para aclararme de quién hablaba-. Si la ves ...no la reconoces.

La vi 20 años más tarde, cuando en Murcia buscábamos una tienda para hacer el traje de novia a mi hija mayor. "La boda de Rosa”, se llamaba la boutique.

crítica de cine: 'La boda de Rosa': comprometerse a ser feliz

Al entrar reconocí en el taller a Rosita. Tenía su misma mirada esquiva, aguda y llena de bondad. Se desenvolvía con soltura en todos los espacios del atelier ...ahora dibujaba bocetos de trajes de novia mientras que dos empleados le seguían en su discurso; ahora cogía el bajo a una joven subida a un taburete; ahora respondía una pregunta de la dependienta que nos atendía... 

En su muñeca, como parte de ella misma, llevaba el cojín lleno de alfileres y agujas.  En el fondo, en una silla de ruedas, Doña Emilia, muy mayor, pero con cara de satisfacción. 

No quise molestarlas. Ni siquiera sé si me hubieran reconocido. Pero al verlas me sentí profundamente orgulloso de mi profesión y de todos los maestros y maestras que tienen la visión de desarrollo de las personas y  proporcionan a su alumnado lo que necesitan para crecer, para conformarse como las personas capaces que somos todos y todas.

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lunes, 24 de agosto de 2020

El origen del hashtag #CoserRelatos

El origen del #CoserRelatos lo encontré esta tarde por pura serendipia en el libro que estoy leyendo. Se trata de El infinito en un junco, de Irene Vallejo, un ensayo sobre la invención de los libros en el mundo antiguo.

Este es el fragmento donde lo encontré:

    Después de todo, quizá Hiparquia pensaba, con humor juguetón, que la mente es un gran telar de palabras. Todavía entre nosotros, en la terminología literaria se continúa empleando esa imagen de la narración como tapiz. Seguimos hablando -con metáforas textiles- de tramas, de urdimbres, de hilar relatos, de tejer historias. ¿Qué es para nosotros un texto, sino un conjunto de hebras verbales anudadas?

    Así se describía a sí misma la poeta portuguesa Sophia de Mello Breyner: "Pertenezco a la estirpe de aquellos que recorren el laberinto sin perder nunca el hilo de lino de las palabras".


Ya ven, al final el trabajo de Rosa y el de las guionistas de la película no son tan diferentes como a primera vista podría parecer.

@blogmaniacos

Por serendipia, cosiendo palabras...